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Venezuela se aparta de la Declaración de Santa Marta: motivos y reacciones tras la cumbre EU-CELAC 2025

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante una intervención en 2024.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela | Foto: Presidencia de Venezuela.

En la clausura de la IV Cumbre EU-CELAC en Santa Marta, Venezuela decidió no suscribir la declaración final firmada por la mayoría de países; el gesto expone tensiones políticas sobre lenguaje relativo a conflictos internacionales y refleja divergencias dentro de la región.

La decisión y su contexto inmediato

En la declaración conjunta emitida al cierre de la cumbre EU-CELAC celebrada en Santa Marta los días 9 y 10 de noviembre de 2025, 58 de los 60 Estados participantes firmaron el documento conocido como la Declaración de Santa Marta. Venezuela —junto con Nicaragua— figuró entre los países que no suscribieron el texto final, según el registro público del encuentro y comunicados posteriores. La declaración aborda 52 puntos, entre ellos la defensa del multilateralismo, el cambio climático, la cooperación económica y referencias a conflictos internacionales actuales.

La salida de Venezuela del acuerdo sorprendió a varios interlocutores porque la delegación venezolana había participado activamente en las negociaciones previas. Fuentes diplomáticas consultadas por la prensa señalan que la discrepancia se concentró en capítulos concretos del texto —en particular, apartados que aludían a la guerra en Ucrania y a cuestiones de seguridad marítima en la región caribeña— donde Caracas reclamó matices en el lenguaje o la inserción de formulaciones que considera incompatibles con su postura política.

Es importante resaltar que la no suscripción no equivale a un rechazo absoluto de la cooperación birregional; se trata, de momento, de una discrepancia puntual en torno al redondeo final del documento. No obstante, la decisión tiene un efecto simbólico y diplomático, porque reduce la unanimidad exhibida por el resto de los participantes y pone en evidencia la heterogeneidad de posiciones dentro de CELAC.

Posibles razones del desencuentro: lenguaje, geopolítica y solidaridad

Las explicaciones oficiales y las interpretaciones analíticas apuntan a varios elementos convergentes. En primer lugar, el contenido relativo a la condena o la postura frente a la guerra en Ucrania habría determinado el rechazo de Caracas: la redacción final incorpora referencias que, en la evaluación venezolana, no reflejan una postura equilibrada o suficientemente crítica frente a determinadas acciones de actores globales. Ese enunciado, combinado con menciones al contexto de Gaza y otras crisis, comprimió áreas en las que el bloque no alcanzó consenso absoluto.

En segundo lugar, la discusión sobre seguridad marítima en el Caribe —un capítulo en el que la delegación venezolana buscó introducir modificaciones— también fue una fuente de tensión, en tanto algunos pasajes podían percibirse como alusivos a operaciones militares externas en la región. La incapacidad de reabrir negociaciones sobre esos puntos específicos habría precipitado la decisión de no suscribir.

Finalmente, existen lecturas geopolíticas: observadores plantean que la decisión de Venezuela podría interpretarse como un gesto de solidaridad táctica con otros actores internacionales cuales Rusia, o como una maniobra de política interna para mantener coherencia con orientaciones exteriores previas. Estas interpretaciones, sin embargo, han sido variadamente cuestionadas por diplomáticos que advierten sobre los riesgos de aislar posiciones en espacios multilaterales.

Reacción de los otros países y consecuencias para la relación birregional

La ausencia de firma por parte de Venezuela y Nicaragua fue comentada con reservas por funcionarios europeos y latinoamericanos. Voces en la cumbre defendieron la lectura mayoritaria del documento como un compromiso pragmático que concilia posiciones diversas sin excluir la crítica a violaciones al derecho internacional. En el cierre, representantes insistieron en la necesidad de avanzar en cooperación práctica —proyectos de inversión, cambio climático y conectividad— pese a las diferencias políticas.

Entre los Estados latinoamericanos, la reacción osciló entre la decepción diplomática por la falta de unanimidad y la convicción de que la declaración, aun sin suscripción total, ofrece una base de trabajo. Varios países ratificaron que la prioridad es traducir lo acordado en instrumentos concretos de seguimiento y financiación, más allá de las fricciones políticas del momento. Por su parte, algunas capitales europeas comentaron que la cumbre había servido para reafirmar la intención de estrechar relaciones comerciales y de inversión, aun cuando las ausencias y disensos ponen un límite a la exhibición de unidad. A corto plazo, la no suscripción por parte de Caracas evidencia la necesidad de canales diplomáticos más intensos para abordar las discrepancias y evitar que diferencias puntuales se conviertan en rupturas mayores. Para la agenda birregional, el desafío será que la Declaración de Santa Marta no quede en un documento de buenas intenciones, sino que se traduzca en programas y compromisos verificables que permitan medir el avance, aun en un contexto político diverso.