Con el despliegue de la “Operación Lanza del Sur”, EE.UU. lanza una ofensiva militar en el Caribe con el Comando Sur para combatir al llamado “narcoterrorismo”. Este movimiento podría reconfigurar relaciones diplomáticas y afectaciones operativas para Colombia, así como tensiones en la región.
¿Qué es la Operación Lanza del Sur?
El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunció recientemente la creación de la Operación “Lanza del Sur” (“Southern Spear” en inglés), una ofensiva militar dirigida por la Fuerza de Tarea Conjunta del mismo nombre junto con el Comando Sur (SOUTHCOM). Según sus palabras, la misión tiene como objetivo “eliminar a los narcoterroristas de nuestro hemisferio” y proteger a Estados Unidos de las drogas que, según él, “están matando a nuestra gente”.
Este despliegue incluye una combinación significativa de fuerzas navales, aéreas y de vigilancia con drones, según información oficial de Washington. El anuncio se da en medio de un contexto ya tenso, con un portaaviones —el USS Gerald R. Ford— enviado al Caribe y un incremento de ataques junto a lanchas sospechosas de narcotráfico, algunos de los cuales han dejado decenas de muertes desde septiembre.
Sin embargo, persisten muchas incógnitas. Hegseth no ofreció un cronograma claro para la operación ni detalló objetivos específicos en tierra o rutas precisas. Además, algunos analistas se preguntan si “Lanza del Sur” no es simplemente una rebrandización de los operativos antinarcóticos que ya venía haciendo el Comando Sur, o si habrá una escalada hacia acciones más agresivas de tipo terrestre.
¿Qué riesgos e impactos podría tener para Colombia?
Para Colombia, la operación presenta varios puntos de tensión y posibles consecuencias. En primer lugar, su territorio podría convertirse en un espacio estratégico dentro de esta ofensiva. Si bien no se ha confirmado una acción militar directa sobre suelo colombiano, la presencia robusta de EE.UU. en el Caribe podría alterar rutas de narcotráfico que tradicionalmente cruzan por aguas cercanas o por la costa colombiana.
Segundo, la operación podría generar presión diplomática significativa. Bogotá podría verse obligada a definir su postura frente a una misión con proyección hemisférica y con acusaciones explícitas de “narcoterrorismo” que afectan tanto a Venezuela como a otras naciones del Caribe. Cualquier apoyo logístico, expreso o implícito, podría tener costos políticos.
Tercero, está el riesgo para la población civil. Los ataques de EE.UU. ya han sido cuestionados por organizaciones internacionales: algunos señalan que podrían violar el derecho internacional al replicar acciones letales sin suficiente transparencia. Si la operación se expande, podría aumentar la vulnerabilidad de comunidades costeras colombianas, especialmente si se interrumpen rutas marítimas, se intensifican controles o se presentan enfrentamientos navales.
Además, la operación podría configurar un nuevo capítulo geopolítico: al afirmar que el hemisferio occidental es “su vecindario”, Estados Unidos envía un mensaje de hegemonía militar que puede tensionar la soberanía de países como Colombia, especialmente si se interpreta como una especie de doctrina Monroe moderna.
Posibles escenarios y recomendaciones para Colombia
Ante este nuevo escenario, Colombia enfrenta varios caminos estratégicos. Una primera vía sería reforzar su diplomacia: Bogotá podría impulsar un diálogo con Washington para aclarar alcances, límites y mecanismos de coordinación, evitando que la operación escale sin control ni supervisión mutua.
En paralelo, el país debe fortalecer su capacidad de inteligencia marítima y aérea para monitorear cómo evolucionan los operativos estadounidenses en su zona de influencia. Establecer canales de cooperación, información compartida o incluso mecanismos de alerta temprana puede ser clave para proteger intereses nacionales.
Finalmente, desde el punto de vista legal y diplomático, Bogotá debe trabajar con instancias multilaterales (como la CELAC o la ONU) para exigir que la operación respete el derecho internacional y los derechos humanos, especialmente si se plantea cualquier acción más allá de las aguas internacionales. En conclusión, la “Operación Lanza del Sur” anunciada por Trump abre una nueva etapa de riesgos y oportunidades para Colombia. Su reacción determinará si puede proteger su soberanía y sus comunidades, o si queda atrapada en una dinámica que escapa a su control.








