Una imagen publicada en la galería oficial de la Casa Blanca que muestra, en el interior de una carpeta, montajes de Gustavo Petro y Nicolás Maduro con vestimenta carcelaria provocó reacciones oficiales en Bogotá y fue retirada del repositorio; el episodio reaviva el debate sobre desinformación y uso de inteligencia artificial en la esfera pública.
Qué ocurrió: la imagen, su circulación y la retirada
Una fotografía tomada en una reunión en la Oficina Oval que circuló en redes sociales mostró a un alto funcionario estadounidense sosteniendo una carpeta azul cuyo interior dejaba entrever, según la interpretación inicial, unas imágenes que reproducían a los presidentes Gustavo Petro y Nicolás Maduro vestidos con trajes de reclusos. La imagen ganó amplia difusión tras su aparición en la galería oficial de la Casa Blanca y fue recogida por varios medios de la región.
Poco después de la difusión masiva, la fotografía fue retirada de la galería oficial de la Casa Blanca. Fuentes periodísticas coinciden en que la pieza había permanecido en línea semanas antes de que su contenido fuera señalado públicamente y de que se conociera que las imágenes internas correspondían a montajes, presuntamente generados con herramientas de inteligencia artificial.
La presencia de esa carpeta en una imagen oficial, aun cuando el material fuera creado por un tercero o mediante IA, encendió una controversia inmediata: la circulación del material generó acusaciones de falta de respeto hacia la investidura presidencial y planteó dudas sobre los criterios de publicación y revisión de la galería fotográfica oficial estadounidense.
Reacciones oficiales y medidas diplomáticas
Ante la difusión del montaje, la Presidencia de la República de Colombia anunció la convocatoria a consultas del embajador colombiano en Washington, Daniel García-Peña —procedimiento por el cual un país solicita información y explicaciones a su representación diplomática— y calificó el hecho como “un irrespeto brutal” hacia el pueblo colombiano. El mandatario comunicó la decisión en redes oficiales, subrayando la gravedad política del episodio.
En paralelo, en Bogotá se registraron pronunciamientos de carácter político y diplomático: voceros del gobierno hicieron público su rechazo y solicitaron explicaciones sobre cómo una imagen con ese contenido pudo quedar en la galería oficial. A su vez, desde Estados Unidos se reportó la retirada de la fotografía de los repositorios oficiales mientras se verifican los hechos, y algunos medios informaron que la carpeta podría haber sido exhibida por un alto asesor del Ejecutivo estadounidense durante una reunión con legisladores.
El episodio ha tenido repercusiones inmediatas en la agenda bilateral: además de la convocatoria a consultas, se conocieron versiones sobre la posibilidad de otras gestiones diplomáticas, en un momento en que las relaciones entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos atraviesan cierta tensión por temas de seguridad y política regional.
Desinformación, IA y responsabilidades institucionales
Más allá del impacto político y diplomático, el caso plantea preguntas técnicas y normativas sobre el uso de imágenes generadas por inteligencia artificial y los controles institucionales que rigen la difusión de material oficial. Analistas y verificadores de información han destacado que las herramientas de generación de imágenes permiten producir montajes con apariencia fotográfica que pueden circular con rapidez y sin etiquetado claro, lo cual exige protocolos de verificación más estrictos en archivos y galerías públicas.
Las instituciones públicas involucradas enfrentan ahora dos obligaciones: dilucidar la cadena de responsabilidad que llevó a la publicación del archivo y reforzar procedimientos que eviten la difusión no contrastada de materiales manipulados. Para Colombia, la convocatoria a consultas busca obtener explicaciones formales; para Estados Unidos, la retirada del material sugiere el inicio de una revisión interna. Mientras tanto, la circulación del montaje recuerda la velocidad con la que contenidos engañosos pueden convertirse en hechos políticos de primer orden.
El episodio subraya la necesidad de marcos regulatorios y prácticas de transparencia que contemplen la verificación obligatoria de contenidos en plataformas oficiales, la identificación clara de materiales generados por IA y la cooperación internacional para mitigar el efecto potenciador de la desinformación sobre las relaciones diplomáticas.








