El Gobierno del presidente Gustavo Petro oficializó la compra de 17 cazas Saab 39 Gripen por 16,5 billones de pesos, en un acuerdo estratégico que moderniza la Fuerza Aeroespacial Colombiana mientras incorpora inversiones sociales de largo plazo.
El anuncio y el alcance del acuerdo
En una ceremonia realizada durante la conmemoración del 106.º aniversario de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC) en Cali, el presidente Gustavo Petro y representantes de la empresa sueca Saab firmaron un contrato para la adquisición de 17 aviones de combate Gripen. El valor total pactado asciende a 16,5 billones de pesos.
El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, ha explicado que este acuerdo incluye no solo las aeronaves, sino también soporte técnico, armamento, capacitación y mantenimiento, elementos fundamentales para garantizar una operación eficiente y sostenible.
Los Gripen seleccionados corresponden a la versión Gripen E (monopuesto) y Gripen F (biplaza), según el anuncio oficial. Los primeros ejemplares están proyectados para comenzar a llegar a Colombia en 2027, con entregas progresivas hasta 2032.
Modernización militar y compromiso social
Según el presidente Petro, estos nuevos aviones tienen un valor estratégico para modernizar la defensa aérea del país, pues reemplazarán los antiguos Kfir, que llevan décadas en servicio. Esta modernización se traduce no solo en capacidad de combate, sino también en disuasión ante amenazas y fortalecimiento de la soberanía.
Pero el contrato no se limita al ámbito militar: incluye un componente social importante. Como parte del acuerdo con Saab y Suecia, se contempla una inversión para desarrollar infraestructuras en zonas vulnerables. Entre los proyectos están una fábrica de paneles solares, abastecimiento de agua potable en regiones como La Guajira y mejoras en salud mediante equipos tecnológicos para hospitales clave.
Este mecanismo de “offset” —compensación industrial y social— busca que la compra de defensa también tenga un impacto positivo en la industria nacional y en comunidades con necesidades estructurales. El gerente general de Saab ha señalado su disposición a promover cooperación tecnológica con empresas colombianas, lo que podría impulsar la industria aeroespacial local.
Implicaciones estratégicas, riesgos y retos institucionales
La adquisición de los Gripen representa un salto estratégico en las capacidades de la FAC. Se trata de uno de los contratos más trascendentales para la defensa aérea en décadas, ya que ofrece aviones modernos, con sistemas de última generación y menor costo operacional comparado con otras opciones de quinta generación.
Sin embargo, también existen desafíos para el Gobierno. Algunas críticas provienen de la magnitud del gasto: 16,5 billones de pesos es una cifra elevada que debe ser justificada no solo por razones de seguridad, sino por los beneficios sociales prometidos. Además, el cronograma de entrega entre 2027 y 2032 implica que la transición desde los Kfir será prolongada y requerirá una gestión cuidadosa.
Otro elemento relevante es la diplomacia estratégica. Al elegir Gripen suecos, Colombia apunta a diversificar sus proveedores militares y reducir su dependencia de potencias tradicionales, lo que podría tener implicaciones geopolíticas. Para que el contrato logre su potencial, será clave asegurar que las inversiones sociales se materialicen y que la transferencia de tecnología se traduzca en capacidades reales para la industria nacional.
Finalmente, para la Fuerza Aeroespacial Colombiana, la llegada de estas aeronaves no solo implica operar nuevos aviones, sino repensar su doctrina, entrenamiento y mantenimiento. La nueva flota deberá integrarse con efectividad al sistema operativo para maximizar sus capacidades y asegurar que el gasto se refleje en un aumento real de la seguridad nacional.








