Entre el 9 y 10 de octubre, las aguas frente a Punta Gallinas registraron encuentros inusitados con cetáceos, confirmando el potencial ecoturístico de la costa guajira.
Movimiento oceánico: avistamientos sorprendentes
Durante las jornadas del 9 y 10 de octubre de 2025, visitantes y operadores turísticos reportaron la presencia de delfines y ballenas piloto en las aguas de La Guajira. En las inmediaciones de Punta Gallinas, un grupo de turistas franceses que nadaba cerca de la costa fue acompañado por varias ballenas piloto, un fenómeno poco frecuente en esa zona. En paralelo, a unos 8 kilómetros frente a Riohacha, un grupo de delfines nadó junto a una lancha de salvavidas, interactuando en la proa y acompañando el recorrido marino.
Los testigos relatan que los delfines parecían “jugar” ante la embarcación, saltando y manteniéndose en la proa, generando momentos de alto impacto emocional para quienes presenciaron la escena. Asimismo, los avistamientos fueron interpretados como un indicador de que el ecosistema marino aún conserva condiciones saludables —al menos temporalmente— para especies grandes.
Este fenómeno refuerza la percepción de que La Guajira no solo es un destino de paisaje y cultura, sino que sus mares están listos para integrarse en rutas de turismo de naturaleza más audaces.
Turismo de avistamiento: retos y oportunidades
Para el sector turístico local, estos eventos suponen una carta de presentación potente. Las experiencias con cetáceos —cuando se manejan con respeto y buenas prácticas— fortalecen la oferta de ecoturismo en la región. El avistamiento de cetáceos es una actividad organizada que combina lo recreativo con lo educativo, y ha sido reconocida como parte de la industria del turismo de naturaleza.
Sin embargo, esta posibilidad conlleva retos: la necesidad de capacitar guías en observación responsable, establecer protocolos de acercamiento mínimo, preservar las rutas migratorias y evitar impactos negativos en el comportamiento natural de los animales. Cuando los barcos o embarcaciones recreativas se acercan demasiado, se corre el riesgo de estresar a los cetáceos o perturbar sus patrones de movimiento.
Para concretar el potencial turístico, los prestadores de servicios deberán coordinar rutas que consideren las mareas, corrientes, seguridad marítima y horarios óptimos de visibilidad. También será importante que las autoridades locales propendan por permisos, regulación y capacitación, de modo que la conservación se mantenga como valor central, no como obstáculo.
Impulso regional: marca La Guajira como destino marino
Estos avistamientos constituyen una oportunidad para posicionar La Guajira dentro del mapa del turismo marino colombiano. Con escenarios similares en Colombia como los avistamientos de ballenas jorobadas entre julio y octubre en el Pacífico, donde se promocionan rutas en Bahía Málaga y la isla Gorgona entre otras áreas, la costa Caribe puede reforzar su rol complementario en la oferta nacional.
Además, la singularidad del ecosistema guajiro —con su mar, desierto costero y culturas indígenas— puede otorgar valor agregado: turismo cultural combinado con naturaleza marina. Visitas a comunidades como Punta Gallinas o Cabo de la Vela podrían integrarse con salidas de observación de cetáceos, fortaleciendo cadenas locales de hospedaje y gastronomía.
Para que esta visión prospere, será fundamental registrar formalmente estos avistamientos mediante autoridades ambientales, integrar guías locales, promover conocimiento científico y convertir la presencia de delfines y ballenas en elemento de orgullo regional. El mar guajiro hoy envía una señal atractiva: combina silencio, inmensidad y vida marina. Para Colombia es una ventana para crecer en turismo sostenible, reinterpretar sus costas y ofrecer experiencias marinas de altura.







