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Megaoperativo policial sacude Río de Janeiro y revive ecos de la Operación Orión en Colombia

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Agentes fuertemente armados y vehículo blindado durante operativo policial en los barrios de Penha y Alemão, Río de Janeiro, contra el Comando Vermelho.

Operativo policial en Penha y Alemão, Río de Janeiro, durante una ofensiva contra el Comando Vermelho.
Foto: Redes Sociales

La intervención contra el Comando Vermelho dejó más de cien muertos y plantea paralelos con el legado de acciones estatales en Colombia y la estrategia de EE. UU. en el Caribe.

Guerra en las favelas: el operativo en Río de Janeiro

El 28 de octubre de 2025, un megaoperativo policial-militar fue puesto en marcha en los complejos de Penha y Alemão, zonas emblemáticas del narcotráfico en Río de Janeiro, con la participación de unos 2.500 agentes. El objetivo era desarticular redes del Comando Vermelho y capturar sus jefes en múltiples órdenes de allanamiento.

Durante la operación se registraron intensos enfrentamientos, barricadas, drones que lanzaban explosivos y víctimas mortales. Las autoridades estatales reportaron al menos 119 fallecidos, cifra que podría superar los 130 según testimonios de los habitantes de los barrios. Entre los muertos se reportan también cuatro policías.

El impacto fue inmediato: cortes viales, suspensión del transporte, desvíos de rutas y cierre precautorio de escuelas en algunas áreas por seguridad. Los residentes denunciaron también hallazgos de cuerpos con signos de ejecuciones extrajudiciales.

Paralelismos con la Operación Orión y los ataques de Trump

Rememorar la Operación Orión, ejecutada en Medellín en 2002 con uso masivo de fuerza militar en zonas populares, no resulta gratuito. Aquella intervención representó un punto de control estatal sobre barrios subversivos, con costos sociales y cuestionamientos por excesos.

El operativo en Río tiene rasgos semejantes: control territorial por la fuerza, daño colateral, impacto simbólico y anticipación política. La diferencia radica en que, en Brasil, la crisis urbana y el poder de las mafias en las favelas vuelven estos operativos recurrentes cuando el Estado busca recuperar autoridad.

Estas acciones resuenan en la región ante los recientes bombardeos llevados a cabo por EE. UU. contra embarcaciones de narcotráfico en el Caribe, ordenados por Donald Trump. En ese caso, la estrategia de confrontación directa por vía militar tiene similitudes operacionales: intervención en territorios limítrofes, uso de fuerza letal y justificación de guerra contra el narcotráfico.

En ambos escenarios —Brasil y el Caribe— se articula un mensaje de mano dura frente al crimen organizado. Pero también se abren debates sobre soberanía, derechos humanos y legitimidad institucional.

Retos, riesgos y desafíos regionales

El alto número de víctimas en Río genera preguntas sobre proporcionalidad, responsabilidad y control judicial de los resultados. Para muchos residentes, la diferencia entre acción estatal y violencia institucional en estos operativos es cada vez más tenue.

Además, estos episodios producen efectos migratorios internos, desplazamiento en zonas de frontera y radicalización de actores criminales desplazados a territorios más vulnerables. En Colombia, por ejemplo, recordamos cómo el vaciado de control en ciertas zonas tras operaciones fuertes ha generado nuevos conflictos territoriales.

A nivel internacional, la escalada de acciones armadas contra el narcotráfico genera una mayor justificación para intervenciones extraterritoriales. Por ejemplo, EE. UU. ha desplegado portaaviones en el Caribe y lanzado ataques marítimos, lo cual coloca al continente bajo una lógica de refuerzo bélico creciente. Para la región, la prueba será equilibrar la necesidad de seguridad con la protección de los derechos ciudadanos. El desafío es construir estrategias sostenibles de justicia, no solo imponer control mediante la fuerza.