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Impactante robo en el Louvre: joyas napoleónicas sustraídas en tan solo siete minutos

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Corona de la emperatriz Eugenia hallada dañada tras el robo en el Museo del Louvre en octubre de 2025

La corona de la emperatriz Eugenia fue hallada dañada tras el robo en el Museo del Louvre el 19 de octubre de 2025.
Foto: Wouter Engler / Wikimedia Commons

El 19 de octubre de 2025 se registró un audaz hurto en el Museo del Louvre: ocho piezas de la colección real fueron robadas. Este episodio revive antiguos atracos al museo, desde el robo de la Mona Lisa en 1911 hasta el Corot de 1998.

Cómo ocurrió el hurto del 19 de octubre

En la mañana del domingo 19 de octubre de 2025, delincuentes perpetraron un robo en pleno día dentro del Museo del Louvre en París. Alrededor de las 9:30 a.m. (hora local), cuando visitantes ya recorrían las salas, cuatro individuos vestidos con chalecos de obra y con los rostros cubiertos se acercaron a la Galería d’Apollon, donde se exhiben las joyas de la Corona francesa.

Para acceder, los ladrones utilizaron una canasta elevadora montada sobre camión para alcanzar un balcón del segundo piso en la fachada sur del edificio, sobre la orilla del Sena. Dos de ellos rompieron una ventana con discos abrasivos y herramientas eléctricas, penetrando en la sala principal de las piezas reales.

En solo siete minutos ejecutaron el atraco: rompieron vitrinas, sustrajeron ocho joyas de valor incalculable y huyeron en motocicletas apoyados por sus cómplices que esperaban en la vía exterior. Durante la huida, abandonaron la corona de la emperatriz Eugenia, la cual fue hallada dañada cerca del museo.

El Louvre fue evacuado y cerrado durante el resto del día. La policía francesa selló perímetros y allanó accesos al museo mientras iniciaba la búsqueda de los sospechosos. El ministro del Interior, Laurent Nunez, calificó el robo como “profesional y audaz”, mientras el Gobierno prometía reforzar la seguridad en museos nacionales.

Las piezas robadas y su valor patrimonial

La investigación preliminar del Museo revela que las ocho piezas sustraídas pertenecían al acervo real francés: incluyeron gargantillas, tiaras y broches usados por emperatrices como Marie-Louise y Eugenia. Entre las piezas destacadas están:

  • Una diadema con cerca de 2.000 diamantes
  • Un tiara-esposa de zafiros y pendientes asociados
  • Un reliquiario broche ornamentado con diamantes
  • La corona de Emperatriz Eugenia, que resultó abandonada y dañada al huir

El Louvre confirmó que no todos los elementos de su colección fueron alcanzados: por ejemplo, la gema Regent no se vio amenazada, al menos inicialmente. La casa real puso en valor la colección como patrimonio nacional, lo que torna el robo no solo criminal sino simbólico.

Expertos en arte advierten que recuperar estos objetos será difícil: joyas suelen ser desensambladas, gemas repulidas o vendidas en mercados grises, lo cual complica la trazabilidad.

Antecedentes históricos y lecciones de seguridad

Aunque no se reportaba un robo de tal magnitud desde 1998, el Louvre tiene un historial de hurtos inquietantes. En 1998 ocurrieron dos robos destacados: primero desapareció un artefacto griego y luego fue sustraído el paisaje Le Chemin de Sèvres, de Corot, que aún no ha sido recuperado.

Mucho más famoso es el robo de la Mona Lisa en 1911, cuando Vincenzo Peruggia la sacó bajo su ropa en pleno museo. Recuperada años después, ese episodio marcó un antes y un después en la visión del Louvre como objetivo apetecido por ladrones.

Otro golpe relevante ocurrió en 1976: despojaron al museo de la espada ceremonial de Carlos X, un acto psicodélico por su valor simbólico, que aún permanece sin resolución.

Cada uno de esos robos llevó a reformas en seguridad: cámaras mejoradas, vigilancia reforzada y protocolos estrictos. Sin embargo, el hurto del 19 de octubre revela que incluso esos avances tienen grietas.

Hoy el Louvre se halla en una encrucijada: reforzar su seguridad estructural, revisar acceso de mantenimiento, reforzar el patrullaje nocturno y monitorear instalaciones externas. El robo de joyas no solo es un crimen, es una advertencia: el patrimonio cultural más resguardado sigue vulnerable a la audacia criminal.