Tragedia en Taganga: turista muere practicando buceo

Buceadora en el mar con peces tropicales y retrato de Judy Agredo, quien falleció en un accidente de buceo en Taganga, Colombia.
La profesora Judy Milena Agredo falleció ayer durante una inmersión recreativa en “La Aguja”; expertos advierten sobre la importancia de los protocolos de seguridad en el buceo.

Ocurrió el incidente: qué se sabe hasta ahora

El 8 de octubre de 2025, durante una actividad de buceo supervisado por la escuela Barracuda Dive Center Taganga en el sector conocido como La Aguja, jurisdicción de Santa Marta, la turista Judy Milena Agredo Idárraga fue sacada del agua por el instructor después de que no respondiera bajo el mar, y luego trasladada a un centro médico donde falleció.

Agredo, identificada como docente de unos 43 años oriunda de Popayán, participaba de una inmersión recreativa con un grupo guiado. El instructor dio aviso cuando notó que la mujer no reaccionaba en el fondo, procedió a sacarla del agua y se activaron los protocolos de emergencia.

Las autoridades de Santa Marta, incluidos organismos de turismo, Fiscalía y veedurías locales, abrieron una investigación para determinar si hubo fallas en los equipos, omisión de protocolo o deficiencias en la capacitación del guía.

El buceo como deporte extremo: seguridad como prioridad

El buceo recreativo es una actividad con riesgo inherente que exige cumplimiento riguroso de protocolos. El equipamiento debe estar certificado y en buen estado —regulador, tanque, chaleco compensador, manómetro, máscara y aletas— y los guías deben contar con formación y licencia reconocida.

Además, la planificación precisa de la inmersión (profundidad, tiempo límite, capacidad de aire, tablas de descompresión) es esencial. No respetar estos parámetros o permitir inmersiones que excedan las competencias del participante puede conducir a fallas trágicas.

La supervisión constante del instructor es clave: debe monitorear el desempeño de los buzos, las condiciones ambientales, la presión parcial de oxígeno y signos de fatiga o mal estado físico. En emergencias, la respuesta inmediata es fundamental para minimizar daños.

En el caso de Agredo, se evaluará si la escuela Barracuda contaba con todos los estándares de seguridad, si los equipos estaban debidamente certificados y si hubo protocolos adecuados de rescate y respuesta médica.

Consecuencias institucionales y lecciones para el turismo acuático

El accidente cobra especial relevancia en el contexto del turismo marítimo colombiano. Una muerte en condiciones controladas y bajo supervisión puede erosionar la confianza en las escuelas de buceo si no se actúa con transparencia, sanción y mejora normativa.

Este episodio podría incentivar regulaciones más exigentes para el turismo acuático: certificaciones obligatorias, auditorías periódicas, registro público de guías y controles independientes. Además, las oficinas de turismo regionales deberán reforzar requisitos técnicos para operadores.

Para la comunidad de buceadores y viajeros, el mensaje es contundente: no basta con la belleza del mar, es imprescindible elegir operadoras reconocidas, exigir capacitación previa, pedir revisión del equipo y asegurarse de que el guía sea certificado internacionalmente. El fallecimiento de Judy Milena Agredo deja una lección costosa y dolorosa. Que su caso sirva para reforzar la cultura de seguridad, prudencia y respeto al mar, en memoria de quienes viajan para admirarlo.